Estrellas y cometas.
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Martes 20 de Mayo de 2008
Hay personas Estrella y hay personas Cometa. Los Cometa pasan. Apenas son recordados por las fechas que pasan y vuelven. Los Estrella, en cambio, permanecen. Hay mucha gente Cometa. Pasa por nuestra vida apenas por instantes; no cautiva a nadie, y nadie la cautiva. Es gente sin amigos, que pasa por la vida sin iluminar, sin calentar, sin marcar presencia. Así son muchos artistas. Brillan apenas por instantes en los escenarios de la vida. Y con la misma rapidez que aparecen, desaparecen. Así son las personas que viven en una misma familia y pasan al lado de otro sin ser presencia, sin existir. Lo importante es ser Estrella. Hacer sentir nuestra presencia, ser luz, calor, vida. Los amigos son Ser Cometa no es ser amigo, es ser compañero por instantes, explotar sentimientos, aprovecharse de las personas y de las situaciones. Es hacer creer y hacer dudar al mismo tiempo. Es necesario crear un mundo de personas Estrella, verlas y sentirlas todos los días, contar con ellas siempre, ver su luz y sentir su calor. Así son los Amigos: estrellas en nuestras vidas. Se puede contar con los amigos. Ellos son refugio en los instantes de tensión, luz en los momentos oscuros, pan en los períodos de debilidad, seguridad en los pasajes de desánimo. Al mirar a las personas Cometa es bueno no sentirnos como ellas, ni desear el agarrarnos de su cola. Al mirar a los Cometa, es bueno sentirse Estrella, dejar por sentada nuestra existencia, nuestra constante presencia, vivir y construir una historia personal. Es bueno sentir que somos luz para muchos amigos y que ellos nos han iluminado a su vez. Es bueno sentir que somos calor para muchos corazones y que esos corazones nos arroparon cuando el frío nos castigó. Ser Estrella en este mundo pasajero, en este mundo lleno de personas Cometa, es un desafío, pero por encima de todo, una recompensa. Lucas 8:16 Juan 1:5 Juan 8:12 |
Pequeñeces de la vida.
| » Pequeñeces |
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Lunes 19 de Mayo de 2008
Una señora de edad había esperado toda la vida la oportunidad de viajar en un tren. Quería contemplar, devorar cada paisaje con los ojos y disfrutar todo cuanto pudiera en los kilómetros que iría a recorrer. Entró muy decida en el vagón de pasajeros y cuando el tren partió, comenzó a acomodar los paquetes y cestas que traía, trató de arreglar confortablemente su asiento y acomodar las cortinas, y colocarse en situación cómoda pero … “Que pena”, dijo ella, “si hubiese sabido que llegaríamos tan pronto no habría perdido tiempo en pequeñeces”. No perdamos el enfoque real en nuestra vida. Las pequeñeces muchas veces nos desvían y distraen del verdadero paisaje, de las cosas grandes que Dios tiene para nosotros.. démosle a Él, el lugar que merece… “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” Efesios 5:15,16 Mateo 6:33 Deuteronomio 6:5 |
Que música escuchas?
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La música era estridente, y brotaba a chorros de la radio del auto. El adolescente, Ronald Howard, estaba tan apasionado con lo que escuchaba que ni cuenta se dio de que su velocidad aumentaba. Las palabras de la canción decían: «Tengo una pistola en la mano, y el policía viene saltando. Le pego en las rodillas, y lo dejo bailando.»
Así distraído, lo detuvo un radiopatrulla. Ronald, atontado por la canción, recibió al policía Bill Davidson con un balazo en el pecho. Dieciocho meses después, el muchacho pagaba su homicidio siendo ejecutado con una inyección letal. «Dime con quién andas y te diré quién eres», dice el refrán popular. Para el caso presente, y muchos casos similares, podríamos parafrasearlo: «Dime qué música escuchas y te diré lo que eres capaz de hacer.» He aquí un joven, de diecisiete años de edad, que sin provocación alguna, sin sufrir ningún insulto por parte del policía, aun antes que el agente le dirigiera la palabra, sacó su pistola y lo mató de un solo tiro. «La música me hipnotizó —dijo después en su descargo el joven—. No sabía lo que estaba haciendo.» «Dime qué música escuchas y te diré lo que eres capaz de hacer.» Pero la música no es lo único que ejerce una fuerte influencia sobre nosotros. Son muchas las cosas que, por permitirles entrada a nuestra mente, nos hipnotizan y nos esclavizan. La literatura nociva es una de ellas. Las películas violentas y pornográficas son otras. Ciertos programas de televisión forman parte de ese veneno. Las amistades malsanas aparecen también en el catálogo. La lista es interminable. Es que nosotros somos esponjas. Sin querer, nos empapamos de todo lo que aprobamos. Aun sin advertirlo, poco a poco entramos a un estado de estupefacción y, cuando menos pensamos, perdemos el dominio propio. Nuestras facultades y nuestra fuerza de voluntad se convierten en barro, y llegamos a ser nada más que pusilánimes robots. ¿Qué podemos hacer para no perder nuestra identidad como creación de Dios? Relacionarnos con lo más sano del mundo. El divino Maestro dijo: «Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia» (Mateo 6:33). Es por eso que necesitamos leer la Biblia. Ella es la luz que alumbra nuestro camino. Ella, como nada más en esta vida, nos hace llegar a la altura de la dignidad humana. Leamos la Biblia todos los días. Así seremos personas completas, realizadas, como Dios siempre ha querido que seamos. |
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Preso por una tira de papel!
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| Fueron largas horas de angustia y de pena para los padres, y de llanto desesperado para el pequeño. El niño, de sólo dos años de edad, había quedado encerrado en su habitación. Y era imposible abrir la puerta. Una simple tira de papel lo impedía.
Todo esto ocurría en Machala, Ecuador. Una patrulla policial había cerrado un bar de mala fama. En su celo por clausurar el antro de vicio, también habían sellado una habitación contigua, que nada tenía que ver con el bar. En esa habitación estaba el pequeño. «Pude haber roto el papel con la mano y libertar a mi niño —les explicó el padre a los periodistas—, pero temía a la ley. Tuve que gastar diez horas de mi tiempo hasta conseguir orden de la policía para abrir la puerta.» Este caso pudiera parecerle gracioso al lector insensible. Pero no fue así para los padres que oían llorar a su hijo y veían pasar las horas con lentitud desesperante hasta obtener el permiso policial. La ley es la ley, y aunque esté equivocada, debe ser cumplida. Sin embargo, el caso de este niño preso por una tira de papel policial nos invita a reflexionar sobre muchas personas mayores que están presas por otras cosas. Algunas, por ejemplo, están presas por sus fobias y temores. Hay quienes no se atreven a salir a la calle en martes 13. Otros se horrorizan si rompen un espejo, o si ven pasar un entierro antes que nada en la mañana, o si vuelcan sal en la mesa. Hay personas en las que estas supersticiones infantiles se hacen tan fuertes que hasta desencadenan una histeria. A éstas las aprisionan recuerdos antiguos, o rencores que han acumulado en el corazón, o la incapacidad de perdonar, y viven presas y encadenadas. Otros permanecen atados al temor de una enfermedad mortal como el cáncer, y viven pendientes del menor síntoma irregular que sienten. Muchas veces esos síntomas anormales sólo son producto de los nervios. Otros, en fin, viven encadenados a sus prejuicios religiosos, sin disfrutar plenamente un solo día de la vida. Jesucristo dijo: «Si se mantienen fieles a mis enseñanzas… conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:31,32). Libres del temor a la enfermedad y a la muerte. Libres de odios y rencores paralizantes. Libres de supersticiones y prejuicios. Sólo Cristo ofrece libertad verdadera y gratuita. |
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Garra contra garra
Un Mensaje a la Conciencia
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| Souad Saleh era una niña de siete años. Vivía en Kuwait, el riquísimo estado petrolero. A Souad le gustaba ir al zoológico, como a todos los niños de su edad. Y cuando iba al zoológico, le gustaba acercarse a la jaula de los tigres. Esos magníficos animales, gatos enormes de piel amarilla con rayas negras, eran su pasión.Un día fue con sus padres a ver los animales que tanto le encantaban. La niña se acercó a la jaula de uno de los tigres más grandes, y le ofreció caramelos. El felino, a su vez, se acercó a los barrotes. Souad, como hipnotizada por la mirada del tigre, puso la cabeza entre dos barrotes. La fiera estiró una pata y le apretó la cabeza.
La niña comenzó a gritar desesperada. Entonces la madre, en un acto decisivo, armada de valor y de amor maternal, clavó los dientes en la garra del tigre. Fue tan fuerte la mordedura de esa madre que el tigre lanzó un rugido de dolor y soltó a Souad. Con sólo algunas heridas leves en la cabeza y un susto mayúsculo, la niña volvió a casa con sus padres. Aquí tenemos un caso de garra contra garra, fiereza contra fiereza. El tigre es uno de los animales cuyas mandíbulas, garras y dientes se consideran algunos de los más poderosos de la creación. Con todo, por un momento una madre desesperada por salvar a su hija tuvo más garra, es decir, más arrojo, que el tigre mismo. ¿Qué le dio a esa mujer tanto valor y tanta fuerza? Su amor de madre. La marca de sus dientes, que quedó registrada en la pata sangrante del tigre, será para siempre una señal de valentía maternal. Dondequiera se hable de madres heroicas, debiera mencionarse a la madre de Souad Saleh, cuyos dientes libraron a su hija de la garra de un tigre. En la naturaleza todo tiene su contrario y todo tiene su superior. El fuego quita el frío, el agua apaga el fuego; la luz mata la oscuridad; la edad reprime el vigor; la verdad vence a la mentira. Por grande que sea una fuerza, siempre habrá una fuerza superior que la domine. Lo mismo ocurre con el pecado. Cautivador y peligroso, el pecado arruina la vida humana y la lleva a la perdición. Pero no es imbatible, a pesar de tener como cómplices a la naturaleza humana, la necedad del individuo y la astucia del diablo. Al igual que la oscuridad y la mentira, el pecado también tiene su contrario que es superior. Según San Juan, esa fuerza superior que mata y vence al pecado es la sangre de Jesucristo. «Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad —afirma el apóstol—… si vivimos en la luz, así como él está en la luz… la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.» 1 |
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